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Estupefacció nacionalista

Estupefacció nacionalista
descubren que el escudo de la Gene fue otorgado por Felipe V

https://www.dolcacatalunya.com/2015/05/estupefaccio-nacionalista-descubren-que-el-escudo-de-la-gene-fue-otorgado-por-felipe-v/


Així tapa el nacionalisme l’escut de Felip V amb l’escut de Felip V

Contábamos hace unos días cómo la Generalitat tapó el escudo de Felipe V con su emblema. Pero ahora resulta que el escudo de la Generalitat fue otorgado nada menos que… ¡por Felipe V! Lean, lean:
El “senyal del rey d’Aragó” eran las armas de dignidad real. Con el paso del tiempo su uso se fue territorializando por medio de concesiones reales. El primer municipio que luce las barras es el municipio de Milhau (Francia), por concesión de Alfonso II (1187).
¿Cuándo pasa el “senyal del rei d’Aragó”, a representar las instituciones catalanas? Desde siempre, el emblema había sido San Jorge. La documentación nos dice que en 1417 la Diputación encarga “que sien fets y renovats los segells de la scrivania de la diputació del general… ab lo qual se puxa empremtar e figurar la imatge de san Jordi a cavall qui mata lo drach… e aquest segell servesca a seguellar totes letres patents qui´s dressen a qualsevol persones… a papa e cardenals e al senyor rey…e altres persones reyals…”. Es evidente que las barras no eran el escudo oficial. Como tampoco lo era de las Cortes que -reunidas en Tortosa en 1430- ordenan pagar 65 florines de oro de Aragón al platero Pere Torralba por la ejecución de dos sellos “a on son esculpides les armes del dit general de Cathalunya, ço es sent Jordi a cavall qui mata o onciu lo drach…”.
300 años más tarde, iniciadas las cortes catalanas de 1701, no aparecía el sello por ningún lado. Parece que nadie lo recordaba, ”ni saverse qual se usave en les corts antecedents encara que aparexia poderse esculpir… la imatge del glorios Sant Jordi portant lo escut amb la creu…”. Tras acalorados debates, el 19 de octubre de 1701 se adopta el acuerdo de grabar uno nuevo con el “Escut de ditas quatre barras y corona real”, para solicitar la venia real de uso.
Detrás de ese extraño olvido hay que situar las convulsiones antiseñoriales como la “revolta dels barretines o de la terra”, el “avalot de les faves o los asedios campesinos de Barcelona en 1688 y 1689. Quizás interesaba un cambio de imagen que acercara la institución al pueblo más identificado con la realeza. Y nada más apropiado para conseguir la concesión real que el marco de las cortes catalanas, que juraron con vivas demostraciones de afecto y júbilo al nuevo rey Felipe V de Borbón, el 12 de octubre de 1701. Cortes que duraron hasta el 12 de Enero, y en las que se acordó además del uso del “escut de ditas quatre barras y corona real”, un donativo real de 12 millones pagaderos en 14 años, nombramiento de 14 títulos de marqueses y condes, 20 privilegios de nobleza, 20 de caballeros, y otros 20 de ciudadanos; todo ello entre grandes fiestas y regocijos populares, de manera que -como dice Macanaz- “no quedó a los catalanes nada que pedir, ni al rey cosa especial de concederles”.
Así que la Generalitat no lo sabe, pero al ocultar el escudo de Felipe V tapándolo con el de la Generalitat, en realidad le están haciendo el último homenaje al rey que concedió a la Generalitat el uso de su “senyal” como rey de Aragón. Si la Generalitat fuera consecuente, el Parlament debería rechazar el uso de las barras de Felipe V, las barras felipistas, por haber suprimido las instituciones tradicionales catalanas. Las cuales, por cierto, ahora ningún nacionalista querría, pues les parecen “medievales”; y las cuales son ridículas comparadas con el actual poder omnímodo de la Generalitat.
Aunque ya sabemos que el nacionalismo no va de coherencia, sino de ideología y fantasmagoría histórica.
Dolça i ocultada Catalunya…

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Dels frens e altres apparellaments de cavals

Per tal con aquelles coses les quals per los princeps se fan pus leugerament per los sotsmeses son tretes en exemple: esguardador esser jutgam que en tots los nostres fets axi com real altea no poch ho requer honestament e temprada nos hajam axi que los savis en ben sien conformats e els no savis e avanitats entenens en temprança sien provocats. Hon sobrefluitats esquivants majorment en aquestes coses les quals ordinariament san a fer: volem que ordinariament si donchs per altra causa en altra manera fer no ho manavem quatre selles palafrenals ab lurs frens de les quals les dues ab nostre senyal real e les altres dues la una ab senyal de sent Georgi e laltra ab senyal antich de rey Darago sien a servey de nostra persona apparellades Ies dues de les quals hagen cuyrs cuberts de velluts daur e de seda comunits e les altres dues romanents hagen cuyrs no cuberts de velluts segons manera apparellada accedent a nostre desijament: de les dites empero dues selles havents cuyrs cuberts de vellut cascun any la una prop la festa de la Nativitat del glorios Salvador del humanal linatge sia feta e altra prop abans de la festa de Pentacosta aximateix sia feta e les romanents dues selles havents cuyrs no cuberts de vellut cascun any prop ans de la festa de la resurreccio de nostre Senyor la una esser feta ab aquest edicte laudable manam e laltra prop de la festa de Omnium Sanctorum volem esser complida: e apres sis almenys selles darmes destinades per servey de nostra persona hajam de les quals dues sien de nostre senyal real de tot en tot decorades e les altres a senyal de sent Jordi e les dues altres romanents al dit senyal antich de rey Darago. Manam encara que quatre mantes almenys continuament sien appareylades a cobrir les dites selles a servey de nostra persona destinades les dues de les quales sien a nostre senyal real en totes les lurs parts e les altres la una a senyal de sent Jordi e laltra al senyal antich Darago. En apres subjungim a les coses damunt dites que continuament hi sia copia de mantes e daltres coses necessaries a cavals e a les altres besties damunt dites. 

Los Mossos, legado, Felipe V, "el burbó"


https://diazvillanueva.com/2017/09/01/los-mossos-el-mas-perdurable-legado-felipe-v/



Los Mossos, el más perdurable legado de Felipe V


La historia es rica en paradojas. El nacionalismo catalán busca su legitimación en la guerra de Sucesión española (1701-1715). En aquella guerra la mayor parte de catalanes apoyaron al pretendiente de la casa de Habsburgo, mientras los castellanos hicieron lo propio con el de la casa de Borbón.

La cosa terminó mal, no tanto para el Habsburgo, que se colocó como emperador del Sacro Imperio antes de que terminase la guerra, como para sus partidarios, abandonados a su suerte en el tramo final de la contienda. Algunos de ellos, los barceloneses concretamente, siguieron guerreando en su nombre hasta que el 11 de septiembre de 1714 el duque de Berwick, general de Felipe de Borbón, más conocido por su ordinal Felipe Vtomó la ciudad después de un agónico sitio.
Una de las primeras medidas que Felipe V adoptó fue la de desarmar a los catalanes, básicamente porque no se fiaba de ellos. Para el Rey, un aristócrata francés que no hablaba una palabra de español /pero el catalán se entiende si hablas francés, ya que el provenzal - occitano es muy similar/
Occitano, 1196, Pedro II, rey de Aragón
Occitano, 1196, Pedro II, rey de Aragón (el aragonés sería bien parecido en 1196)

cuando le entregaron la corona, los catalanes eran el arquetipo de español irritante, amante de sus fuerosingobernable, que no se rinde nunca y que a la que te descuidas se recupera del palo que le acabas de dar y te degüella. Los barceloneses habían resistido hasta el final y era probable que volviesen a levantarse en armas en cuanto tuviesen la oportunidad. Desarmar a la gente desactivaba un problema pero activaba otro. No podrían rebelarse de nuevo, cierto, pero tampoco podrían defenderse de los salteadores, que por aquel entonces menudeaban por toda la geografía española, siempre despoblada y abundante en sierras y caminos de mala muerte.

El bandidaje era un problema antiguo que no encontró una solución más o menos definitiva hasta que, a mediados del siglo XIX, se creo la Guardia Civil.
Mossos d’Esquadra en la procesión del Corpus de Barcelona (1967)
Mossos d’Esquadra en la procesión del Corpus de Barcelona (1967)

Para contener a los bandidos y velar por el orden público el Rey ordenó que se formasen escuadras de payeses que se hubiesen significado por su causa durante la guerra. Pero no eran muchos. La guerra, además, había criado agravios vecinales que, cuando la tortilla se dio la vuelta, se pasaron al cobro.

En 1721 solo había tres escuadras, la de Rodoñá, la de Valls y la de Riudoms, formadas por un total de 36 mozos, tres cabos y un jefePere Anton Veciana Rabassa, lugarteniente del baile de Valls. Veciana se había empleado como arriero durante un tiempo, por lo que conocía todos los caminos del principado. Era, además, leal a Felipe V y lo había sido durante la guerra. Era el hombre adecuado para hacer crecer aquel cuerpo que no terminaba de implantarse.
Sucedió entonces que un antiguo fusilero del bando austracista, Pere Joan Barceló, conocido como Carrasclet, entró desde Francia y atacó Reus con una compañía de exiliados armados, curiosamente, por el duque de Berwick, que en aquel momento se encontraba al servicio del rey de Francia, en guerra con su primo.

Veciana le plantó cara y consiguió que se fuese retirando hacia el norte. Tras el fin de este breve conflicto Felipe V se terminó de convencer de que hacía falta tomarse algo más en serio lo de las escuadras catalanas, hacían falta más mozos, es decir, más mossos, reclutados por los pueblos y aldeas a cambio de un sueldo. A lo largo del siglo, durante los reinados de Fernando VI y Carlos III fueron ganando efectivos y arraigo dentro de Cataluña hasta convertirse en una guardia rural a la que los catalanes cogieron cariño.
Durante siglo y medio el jefe de las escuadras siempre perteneció a la familia Veciana. En 1773 Carlos III emitió un decreto en el que ordenaba “que no salga de la casa Veciana el honor de haber sido el fundador de las escuadras del Principado, por ello concedemos a don Pedro Mártir de Veciana la facultad de nombrar sustituto en el desempeño de su cargo”.

Las escuadrillas rurales para combatir la lacra del bandolerismo funcionaba, por lo que se multiplicaron por España cuerpos de policía local similares. Inspirándose en los Mossos se crearon los Migueletes de Guipúzcoa, los Miñones de Vizcaya y Navarra, los Fusileros de Aragón, los Escopeteros Voluntarios de Granada y Sevilla o los Guardabosques Reales de Extremadura.
En muchos casos los Veciana ejercían de consultores asesorando a las autoridades de otras partes del reino. Lo del tradicional consultor catalán, tipo fiable y concienzudo que sabe mucho de lo suyo, como se ve, no es cosa de ahora. Con el tiempo los Veciana llegaron a ser algo realmente importante, tanto dentro como fuera de Cataluña. Uno de ellos, José Baltasar Veciana Civit, llegó a ser nombrado mariscal de los reales ejércitos, gobernador de la costa de Granada y comendador de la orden de Santiago.
Pero nada dura por siempre por más que Carlos III creyese lo contrario. El cargo de jefe de los Mossos terminó saliendo de la casa de Veciana, pero porque la revolución de 1868, la Gloriosa, suprimió el cuerpo. Los progresistas españoles de entonces, entre los que se encontraba el reusense Juan Prim, lo consideraban algo propio del antiguo régimen ya sin cabida en la nueva España liberal y centralizada al modo francés.

Volverían en 1876 con la restauración borbónica de Alfonso XII y así hasta que Franco volvió a disolver el cuerpo tras la Guerra Civil. Reaparecerían en plena dictadura, en 1951, cuando el Gobierno autorizó a la diputación de Barcelona a revivirlos, pero solo como algo folclórico y con efectivos provenientes del ejército y la Guardia Civil.


Reaparecerían en plena dictadura, en 1951, cuando el Gobierno autorizó a la diputación de Barcelona a revivirlos, pero solo como algo folclórico y con efectivos provenientes del ejército y la Guardia Civil.

El retorno del Borbón en 1975 les trajo de nuevo buena fortuna. El cuerpo fue cedido a la Generalidad y desde entonces es la policía autonómica. En breve se cumplirán 300 años de la revuelta de Carrasclet, que es cuando realmente se constituyen como tales. Pocas cosas quedan en España de hace tanto tiempo. Una de ellas son los Mossos. Els Mossus. Deberían tener el retrato de Felipe V en su sede, y no precisamente vuelto del revés.
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