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Constitució Catalana


La “Constitució Catalana” que tenía preparada la Generalitat: lea y tiemble

La “Constitució Catalana” que tenía preparada la Generalitat: lea y tiemble


La Guardia Civil (no, els Mossos no fan de policia sinó de Genestapo) ha aportado al juzgado de instrucción nº13 de Barcelona varios informes que prueban las acciones que preparaba la Generalitat para declarar la independència y consumar el golpe de Estado en octubre de 2017.
Allà hi trobem escrita la intenció de la Generalitat de captar 4.200€ millones en cotizaciones sociales a las 100 principales empresas privadas y las 233 de la Generalitat (después entrarían hasta 690.000 empresas), gastar 499€ millones en activar un fisco propio (de los cuales ya se han gastado 17€ millones) y confiscar bienes inmuebles al Estado español por valor de 19.134€ millones. Per lo que sembla Catadisney s’assemblava molt a Venezuela.
Dolça Catalunya lo adelantó en diciembre de 2013“és qüestió de temps que [Santiago Vidal] es carregui la credibilitat de l’independentisme”. Una lectura al projecte de Constitució Catalana del jutge Vidal ens demostra que el temps és arribat. Vidal es hijo del alcalde franquista de San Sadurní de Noya y nieto de un franquista “de primera hora”, medalla de la Vieja Guardia; lo qual només té importància per riure’ns una miqueta quan els nacionalistes es queixen d’en Francu. Pero recordemos el currículum de Santiago (y cierra España) Vidal:
Bé, doncs en Santi fue también redactor con “un grup d’amics” de una “Constitució” (la Vidala) para la “república catalana”, corta y pega de la United Constitutions of Benetton, en secreto y sin el pueblo. El repaso que le endilgó el catedrático catalán Enric Fossas por tamaña ordinariez está grabado en mármol en el olimpo de los juristas.
Hem dit que gràcies a la Guàrdia Civil ja tenim el projecte de la Vidala per escrit. Curiosamente el juez escribió la Vidala en cientos de folios de la Administración de Justicia de España, papel oficial, con el escudo del Estado, proveniente del juzgado en el que ejercía. O sea, que el tipo además robaba material de oficina que pagamos todos.
Veamos qué dice la Constitució de Catalunya:
  • Los funcionarios del Estado serán conminados a renunciar a su trabajo en un plazo máximo de seis meses para obtener la ciudadanía catalana.
  • “No podrán obtener, ni conservar, la ciudadanía catalana aquellas personas que, no siendo catalanes de origen, hayan sido militares profesionales y/o fuerzas de orden público militar o civil del reino de España y/o hayan formado parte de un gobierno extranjero”.
  • Solo se permiten partidos políticos “siempre y cuando su programa electoral no vaya contra la existencia de Cataluña como Estado ni contra esta Constitución”.
  • Se creará en la policía una “unidad especializada en españolismo violento” que ejercerá “presión policial” sobre quienes considere desafectos.
  • Se deroga la monarquía y los títulos nobiliarios concedidos desde 1700.
  • El español no será oficial y se prohibirá en la enseñanza.
  • La escuela y los medios de comunicación servirán para fomentar “el sentimiento de pertenencia al nuevo Estado”.
  • Disposición confiscadora (sic): “Pasan a la propiedad de la República Catalana los bienes existentes el día de la declaración de independencia, dentro del territorio actual de Cataluña, pertenecientes al Reino de España”. Parece que el monto a confiscar alcanzaba los 19.134€ millones.
Doncs aquest és el cor de la Vidala, la mezcla de sovietismo y bolivarismo que nos tenía preparado el nacionalismo. Y esto es lo que dice y lo que opina la catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes sobre “lo que están (digo están, en presente, porque no cejan) pretendiendo crear en Cataluña”:
“Desde su despacho oficial del Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat, el juez Vidal se dedicó a entrevistar a abogados que fuesen sensibles a la independencia para incorporarlos como jueces el día que llegara la secesión. (…) tenían identificados a los fieles y a los que tenían que depurar. No olvidemos que el Ministerio de Justicia ha tenido que activar un teléfono de emergencia para atender a los jueces que pudieran sentirse acosados y que tanto ellos como los fiscales son objeto de protección policial, lo cual ya es lo último que puede pasar en una democracia. Bueno, es “su democracia”, su “revolución de las sonrisas”, su “viaje a Ítaca”, su descenso, más bien, hacia el precipicio.
La atribución de la nacionalidad, institución jurídica básica en la creación de cualquier Estado, está inspirada en las regulaciones de las repúblicas del Báltico, que tanta discriminación han producido en las minorías que no eran nacionales del lugar cuando estos territorios proclamaron la independencia. (…) Primero regulaciones genéricas que no levantes sospechas. Luego, cuando se adopta la ley específica, se fijan los criterios que favorezcan lo que se quiere favorecer. Y quien no cumpla con ellos no puede adoptar la nacionalidad y, según como se regule todo esto, pueden quedarse como apátridas, como ha sucedido en las repúblicas bálticas (…) Lo mismo que en el Báltico. La misma técnica que allí. Primero, para obtener la independencia, se hace creer que prácticamente todo el mundo podrá tener la nacionalidad y, posteriormente, se establecen los requisitos con criterios supremacistas. Eso no está en la Ley, pero nos lo han contado en numerosas conferencias y cursos, personas pertenecientes al Consejo para la Transición Nacional, que es el que asesora en la elaboración de todas las normas de ruptura con España. Por cierto, olvidan que ningún Estado puede atribuir unilateralmente -como además pretenden- la doble nacionalidad con ningún otro.
…) Haciendo de la lengua un instrumento de dominación política, (…) Ofrece “ventajas” a sus fieles mientras amenaza con depuraciones y represalias a “la disidencia”, medios de comunicación incluidos.

(…) La Ley de transitoriedad que, en secreto, estaba preparando el secesionismo y que difiere en poco a la finalmente aprobada el segundo día de los “Plenos de la vergüenza”, el 7 de septiembre pasado. Mayor chapuza jurídica es inimaginable. Como ya he señalado anteriormente, pero es importante repetirlo, de forma similar a lo que dispuso en su día la Ley Habilitante alemana de 1933, que permitió al nacionalsocialismo subvertir el régimen de Weimar sin derogarlo oficialmente.Pretendía, entre otras, esta ley, mediante el eufemismo del “derecho a recibir una formación adecuada” [la “reeducación” a la que nos van a someter y que ya nos explicaron en l’Escola d’Estiu de Prada o en las conferencias del Director de la Escuela de Administración Pública], obligar a los funcionarios y a la ciudadanía en general, a cometer las más flagrantes ilegalidades bajo amenazas y sanciones. Disponía, también, la incautación de bienes estatales. Establecía infantilmente la asunción de la “nacionalidad catalana” sin pérdida de la española, advirtiendo que se “iniciarán negociaciones” al respecto con el “Estado español”. Pretendía amnistiar a todos los condenados por actuaciones ilegales en relación con el procés. Eliminaba la co-oficialidad de la lengua española en Cataluña.Pretendía otorgar, a la propia Constitución española o al Estatuto de Autonomía, rango de ley en lo que no se opusiera a la nueva legalidad, lo cual es un disparate jurídico de monumental categoría, sin respeto de los principios de jerarquía y competencia, imposible de ser jurídicamente analizado por lo grosero de su articulación.
Ya en la Universitat Catalana d’Estiu se nos explicó que los funcionarios tendríamos que “reciclarnos”, no sólo los de cuerpos estatales, también los de la Generalitat y de las administraciones locales, porque teníamos que adaptarnos a las reglas y principios de la futura “república catalana”. (…) el President de la Generalitat lo repitió en sede parlamentaria. Con ello se amenaza, véase bien, no por no cumplir la ley, sino por no violarla!!!”.
Benvinguts a Catadisney.
Dolça i totalitària Catalunya…

131 presidentes de la Generalitat

https://www.abc.es/historia/abci-gran-mentira-historica-131-presidentes-generalitat-nuevo-mantra-nacionalismo-catalan-201805160155_noticia.html

La gran mentira histórica de los 131 presidentes de la Generalitat, el nuevo mantra del nacionalismo catalán.

Quim Torra se proclama continuador de una remota institución medieval que nació para recaudar impuestos para la Corona de Aragón.

https://elpais.com/elpais/2018/05/18/hechos/1526647977_485589.html


En su afán por reinventar la historia de Cataluña, el nacionalismo ha incorporado en las últimas fechas un nuevo y fabuloso mito: el de los ciento treinta y pico presidentes de la Generalitat, una vetusta lista de reyes godos a la catalana. Proclamaba Artur Mas, ya en 2014: «Tengo el honor de ser el 129º presidente de la Generalitat de Cataluña, institución creada en 1359 y que desde la primera presidencia de Berenguer de Cruïlles [un obispo de Gerona] ha reflejado durante casi siete siglos la voluntad de autogobierno de los catalanes». El problema es que la Generalitat no tuvo 128 presidentes antes de Mas, ni ahora 130 antes que Torra, porque la Generalitat que existió en tiempos medievales nada tiene que ver con la actual institución nacida con la Transición, si acaso hija o nieta de la surgida en tiempos de la Segunda República.
131 presidentes de la Generalitat

«Forma parte de la reinvención de la historia de Cataluña. El nacionalismo ha sabido convencer a los historiadores de que trabajasen en crear esta historia mitológica. Proclamar que hubo una Cataluña como estado y como nación en la Edad Media; y además hacer creer que era algo institucional y democrático. Se buscan continuaciones justificadoras del momento presente», apunta en una entrevista con ABC el historiador Jordi Canal, autor del libro «Con permiso de Kafka: El proceso independentista en Cataluña». Dos instituciones radicalmente distintas en épocas y de circunstancias políticas, sociales y culturales opuestas.
molt honorable president, Tabarnia

El sofisticado David contra el bruto Goliat

El relato nacionalista presenta la historia de Cataluña como un pueblo de elevado sentimiento de libertad, «entre los más avanzados y democráticos de Europa», según Josep Fontana, que ha tenido que enfrentarse desde tiempos medievales a los esfuerzos opresores de Castilla por acabar con su autogobierno. De tal manera, la Guerra de Sucesión es narrada por el nacionalismo como un conflicto de secesión, una lucha del progreso y la democracia catalana contra el absolutismo y feudalismo castellano. Omite el relato secesionista que la guerra fue, simplemente, un conflicto civil entre españoles, donde hubo casi tantos catalanes a favor del bando borbónico como del bando austracista; y donde ninguno era más democrático que el otro.


El mito reclama el 11 de septiembre de 1714 como el «día que Cataluña perdió sus libertades», a pesar de que aquellas cacareadas libertades eran unos privilegios administrativos, en el sentido medieval, de los que gozaba esta región de España respecto a otras, como señala el hispanista Henry Kamen en su prolífica obra.

La Diputación del General, más adelante conocida como Generalidad o Generalitat, tuvo su origen más remoto en las comisiones que, desde finales del siglo XIII, se ocupaban en la Corona de Aragón de recaudar los tributos votados

Aquellas «libertades» suprimidas al final de la guerra incluían la eliminación de la Generalitat surgida en la Edad Media. La Diputación del General, más adelante conocida como Generalidad o Generalitat, tuvo su origen más remoto en las comisiones que, desde finales del siglo XIII, se ocupaban en la Corona de Aragón de recaudar los tributos votados y ejecutar los acuerdos de las Cortes. No en vano, la institución no solamente funcionaba en Cataluña, sino también en los reinos de Aragón y Valencia. Se trataba de un órgano formado por tres representantes de cada estamento (militar, eclesiástico, real), presidido por un representante del brazo eclesial y dotado de recursos propios. De organismo de carácter esencialmente económico pasó, solo con el tiempo, a serlo político y de gobierno, aunque en ningún caso democrático.
Más de dos siglos después de la Guerra de Sucesión, se recuperó su nombre y su simbología cuando se aprobó el Estatuto de autonomía de Cataluña en tiempos de la Segunda República. El organismo autonómico resultante tomó el nombre histórico de Generalitat por sugerencia del político andaluz Fernando de los Ríos, pero en ningún caso implicó continuidades o restauraciones imaginarias.

El republicano Francesc Macià fue así el primer presidente de la Generalitat de Cataluña.
Josep Tarradellas, que pasó largos años en el exilio francés, negoció con Adolfo Suárez el restablecimiento de la Generalitat, lo que quedó plasmado en un decreto del Gobierno español a finales del mes de septiembre de 1977. En aplicación del Estatuto de Autonomía de 1979 fueron elegidos Pujol y Maragall y en aplicación del nuevo estatuto de 2006 lo han sido MontillaMasPuigdemont y ahora Torra. El molt honorable Torrat.

Parlament, Barchinona, 1410

PARLAMENTO EN BARCELONA. Núm. 1. CONVOCATORIA (1). Tomo 21, fol. 2027. / Parte de la  colección de Bofarull, tomo I  / (1) Aquí donde ...